Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
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Scientist and Technical Vocabulary I
Prologue first edition

En la sesión de 20 de octubre de 1848 celebrada por la Real Academia de Ciencias, año y medio después de su fundación por un Real Decreto de Isabel II, se acordó la realización de un Diccionario de los Términos Técnicos usados en todas las ramas de las Ciencias que forman el objeto de las tareas de la Corporación. Pero las vicisitudes que hubo de vivir la Real Academia en cuanto a ubicación, ordenación de la biblioteca propia y dificultades administrativas, no permitieron avanzar en el propósito. Adquirió más vuelo el nonato proyecto con motivo de la visita, en 1910, de D. Leonardo Torres Quevedo a la capital argentina formando parte de una misión oficial. Propuso en esta ocasión nuestro académico que las Academias de Ciencias hispanoamericanas ya existentes y las que se crearán en el futuro llegaran "a constituir un conjunto de Corporaciones que representen oficialmente la Ciencia de la América del Centro y del Sur que, unido a la nuestra, abarque la totalidad del saber profesado en lengua castellana". Sus propuestas condujeron, más tarde, a la creación de la Unión Internacional Hispanoamericana de Bibliografía y Tecnología Científicas, para cuya presidencia fue elegido el propio Torres Quevedo, y a la de la Junta Nacional de Bibliografía y Tecnología Científicas por Real Decreto de 19 de abril de 1921. Se atribuyó a esta Junta la misión de "reunir, catalogar y fomentar las publicaciones científicas en lengua castellana, y cuidar, mantener y perfeccionar el tecnicismo de las ciencias": La tarea inmediata que se impuso esta Junta fue la publicación de un Diccionario.

A pesar de no haberse conseguido la protección necesaria, el objetivo se alcanzaba inicialmente, y en 1930 apareció el que había de ser tomo I del DICCIONARIO TECNOLÓGICO HISPANOAMERICANO, que en más de 500 páginas comprendía la letra “a” hasta el término “anfidinio”. Por Decreto de 27 de abril de 1935, se establece como labor específica de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales la preparación de este VOCABULARIO. Muerto Torres Quevedo, el plan quedó interrumpido hasta que dos figuras prestigiosas, los académicos Sánchez Pérez, primero, y Palacios Martínez, después, reemprendieron la tarea, no exenta de dificultades, que entorpecían su continuidad.

Entrada ya la década de los 70, la Real Academia quiso dar a este empeño una organización adecuada y, para ello, delegó en una COMISIÓN DE TERMINOLOGÍA CIENTÍFICA que, con verdadera intensidad, ha venido dedicándose a esta labor durante los últimos años. La preparación de las definiciones ha contado con la participación sistemática de grupos de científicos y con las aportaciones motivadas por la publicación periódica de aquéllas en la Revista de la Academia, intentando de esta manera la mayor difusión previa de las propuestas.

Sin embargo, el ritmo vertiginoso en el crecimiento de la Ciencia y de la Técnica aconsejaba cambiar los criterios iniciales que inspiraron aquel volumen del Diccionario primitivo, instrumento histórico sin duda valioso, pero inadecuado a las exigencias de la realidad actual. Por ello, este volumen se presenta como un VOCABULARIO, en una primera realización que, sin duda limitada en términos y áreas, queda abierta a futuras intercalaciones y a otras especialidades que cubran el amplio espectro de las materias cultivadas por la Academia.

No ha sido olvidada en su elaboración la asistencia hispanoamericana que originariamente había tenido y, en 1976, cuando ya se confirmaba el ritmo conveniente para un trabajo eficaz, fue convocado en Madrid un coloquio con representantes de Academias de Ciencias de aquella procedencia en el que fueron escuchadas valiosas sugerencias y concertado un plan de colaboración que habrá de intensificarse con asiduidad en los contactos.

Esta es, en breve, la historia del VOCABULARIO CIENTÍFICO Y TÉCNICO de la Real Academia de Ciencias, a cuyos antecedentes se rinde homenaje en esta introducción. En él se pretende informar al lector culto sobre términos que circulan hoy en la literatura usual, mediante definiciones y un repertorio de palabras apropiadas a las nuevas ideas que en la Ciencia y en la Técnica surgen con inusitada aceleración. Precisamente en ello estriba, sin duda, la mayor dificultad de un Vocabulario de esta naturaleza. Ante la oleada de neologismos que, con los nuevos conceptos, se incorporan al lenguaje científico y técnico sin que tengan expresión castiza en que apoyarse, hay que rendirse a la realidad que los ha introducido ya en el lenguaje común en el que adquirieron carta de naturaleza. Las nuevas ideas originan nuevas palabras sin dar tiempo a que los lingüistas las perfilen y se hace preciso para entendernos, como escribió uno de nuestros predecesores, “entreabrir las puertas del español al neologismo forastero, mas extremando la prudencia, ya que las raíces del idioma llegan a lo más hondo del habla de los pueblos y las voces que lo forman han de tener precaución y autoridad antes de que el uso las imponga”. Por ello, desde aquí, solicitamos la colaboración de autores, traductores y escritores a fin de que el auge de la Ciencia no deteriore con su terminología la pureza del idioma patrio.

Nuestro reconocimiento más agradecido al interés y esfuerzo de los académicos cuyos nombres quedan citados como entusiastas iniciadores y continuadores del propósito. Gracias también a los colaboradores de los grupos especializados de trabajo por su inestimable asistencia. Mención especial merecen los competentes lexicógrafos incorporados a nuestra tarea, que con celo y asiduidad han puesto a contribución sus conocimientos a lo largo de estos años de trabajo y, últimamente, con las notas y advertencias que se incluyen para la mejor utilidad del Vocabulario.

Debemos expresar, asimismo, desde estas páginas nuestro agradecimiento a la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica; su ayuda ha contribuido a la realidad de este Vocabulario.



Manuel Lora-Tamayo
Presidente