Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Riesgos internos, terremotos y volcanes
Resumen de la conferencia por:

José María Fúster Casas
Doctor en Ciencias Geológicas. Catedrático Emérito de Petrología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense. Fue Vocal de la Comisión Nacional de Geodesia y Geofísica. Miembro de la Asociación Internacional de Volcanología, de cuya directiva ha sido vocal y representante en España. Responsable científico de varios proyectos de investigación en España, Colombia y Costa Rica relacionados con la Volcanología. Profesor invitado de varias universidades europeas e hispanoamericanas. Miembro de Honor de la Real Sociedad Española de Historia Natural y de la Sociedad Geológica de España. Académico de Número de la Real Academia de Ciencias
 
resumen

Entre los riesgos naturales, los de origen interno, movimientos sísmicos y erupciones volcánicas, son debidos a la disipación relativamente rápida de la energía interna del planeta en sectores activos de la litosfera terrestre.

La mayor parte de los terremotos se originan en las proximidades de la zona de contacto entre dos bloques rígidos sometidos a tensiones de magnitud y orientación distintas. Los bloques, cuando se supera un umbral determinado de acumulación de energía mecánica, se mueven diferencialmente provocando un choque que se transmite por la Tierra y su superficie en forma de ondas que pueden ser destructivas. Estos terremotos, denominados de origen tectónico, son los más frecuentes y sus focos se localizan en el interior de la corteza y manto terrestres a profundidades que no suelen superar unas pocas decenas de kilómetros. Hay además otros tipos de terremotos.

Los volcanes son la manifestación superficial de anomalías térmicas iniciadas a muy diferentes profundidades que provocan la fusión parcial de rocas sólidas y la salida a la superficie de estos materiales fundidos de muy diversas modalidades. La mayoría de los volcanes, como los terremotos, están asociados a los contactos convergentes o divergentes entre placas litosféricas y por ello existe una cierta coincidencia en la distribución espacial de gran parte de los focos sísmicos y los centros volcánicos activos, pero son escasos los que se forman en el interior de las placas en la vertical de penachos térmicos que se generan por convección en las zonas más profundas del manto terrestre.

La peligrosidad, tanto sísmica como volcánica, está en relación directa con la energía liberada en la superficie aunque en el caso de las erupciones volcánicas depende mucho de las distintas modalidades de dispersión de los productos ígneos. Después de cada evento sísmico o volcánico se puede medir con bastante precisión la magnitud e intensidad de cada fenómeno expresándola numéricamente mediante escalas de todos conocidas. El riesgo en una determinada región es función directa de la peligrosidad, evaluada temporalmente por la probabilidad de existencia de un determinado suceso, y de la proporción de población que habita en las zonas peligrosas y del valor de las instalaciones (infraestructuras, edificios, etc.) que pueden quedar afectados por estos fenómenos naturales.

A una escala global los riesgos de origen interno son de menos cuantía que los riesgos naturales de origen externo (movimientos de ladera, fenómenos climatológicos violentos, etc.) pero a la escala de una determinada región o país, la peligrosidad y el riesgo varían entre muy amplios límites.

En conjunto y por término medio cada año los terremotos son la causa de la muerte de varios miles de personas y las erupciones volcánicas de casi un centenar. Las pérdidas materiales durante algunos episodios excepcionales de uno u otro origen pueden afectar seriamente la economía de un país durante periodos de tiempo que a veces superan una década, especialmente si el país no está muy desarrollado.

La determinación con una cierta precisión de la peligrosidad y, por ende, de los riesgos sísmicos y volcánicos de cada país es una tarea de una importancia social y económica de primera magnitud. Finalizada la última década del siglo XX dedicada por las Naciones Unidas a la mitigación de los riesgos naturales, hay que reconocer que, aunque se ha mejorado algo en el capítulo de prevención, aún estamos muy lejos de alcanzar un cierto grado de precisión en la predicción con suficiente tiempo de los fenómenos destructivos de origen interno. El ¿dónde? y ¿cuándo? de los terremotos y erupciones volcánicas es el principal reto con el que se enfrentan al comienzo del próximo siglo los estudiosos de Ciencias de la Tierra.