Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Aguas subterráneas: de la revolución silenciosa a los conflictos clamorosos
Resumen de la conferencia por:

Manuel Ramón Llamas Madurga
Doctor en Ciencias Geológicas. Doctor Ingeniero de Caminos. Catedrático de Hidrogeología en la Universidad Complutense. Vicepresidente de la Asociación Internacional de Recursos Hídricos. Ex Presidente de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos. Académico de Número de la Real Academia de Ciencias
 
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resumen

Desde hace más de un decenio los debates en torno a la gestión del agua en España se han convertido en conflictos no solo políticos sino también sociales. Basta recordar las multitudinarias manifestaciones que se vienen produciendo en los últimos años en relación con el trasvase del Ebro a la zona mediterránea, bien sean en contra o a favor . La concurrencia a esas manifestaciones ha superado siempre las cien mil personas. La aprobación democrática en el año 2001 de la Ley del Plan Hidrológico Nacional no mitigó esos conflictos, ni es probable que los mitigue la decisión de cancelar el trasvase del nuevo Gobierno. Esos debates se han dado también en la Comisión y en el Parlamento de la Unión Europea y es probable que continúen. Sin embargo, en esos debates casi nunca se alude al problema que es la causa radical, es decir básica, y quizá principal, de todos estos conflictos. Esta no es otra que el auténtico caos legislativo e institucional que predomina en la gestión de las aguas subterráneas en España. Esta problemática no es exclusiva de nuestro país sino que se ha dado o se está dando en prácticamente todas las regiones de clima árido o semiárido, como California, o Méjico o gran parte de la India.

En nuestro país la secuencia temporal de los hechos ha sido la siguiente. En una primera etapa los gestores de la política del agua han ignorado prácticamente las aguas subterráneas y se han ocupado sólo de las aguas superficiales. Ahora bien, desde hace unas cuatro décadas, cientos de miles de modestos agricultores han hecho en muchas regiones del país una extracción intensiva de aguas subterráneas por la sencilla razón de que hoy el coste de esa extracción representa sólo una pequeña fracción del valor de la cosecha que obtienen con ellas. Gracias a los beneficios obtenidos con ese uso intensivo, en una sola generación, esos modestos agricultores se han transformado en poderosos "lobbies", especialmente fuertes en las cuencas del Júcar y del Segura. Esos grupos, unidos a otros "lobbies", consiguieron convencer al gobierno, y a buena parte del público, de que para resolver los problemas reales o exagerados, originados por ese uso intensivo y anárquico de las aguas subterráneas era necesario hacer un gran trasvase de aguas hacia su zona. Algo parecido ocurrió en California hace unos cuarenta años y en Arizona una década después. En ambos sitios los agricultores consiguieron que se hicieran grandes trasvases de aguas superficiales costeadas esencialmente con dinero público. La diferencia con el caso de España radica en que a esos "lobbies" antes mencionados se han opuesto otros grupos de presión de origen diverso. En España se está en un momento de transición de los viejos paradigmas de Joaquín Costa hacia una nueva cultura del agua en la que predominan paradigmas como gestión de la demanda, repercusión de costes, agua virtual, transparencia, participación y otros. Es de esperar que no han de pasar muchos años antes de que los nuevos paradigmas sean ampliamente aceptados en la política del agua española y entonces se pase de la confrontación a la cooperación.