Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Program 2009
La energía que hace posible vivir y pensar: la revolución industrial como punto de convergencia de la evolución darwiniana con la evolución cultural
Resumen de la conferencia por:

Antonio Hernando Grande
Doctor en Ciencias por la Universidad Complutense con Premio Extraordinario. Catedrático de Magnetismo de la Materia en la Universidad Complutense de Madrid. Profesor invitado en la Universidad Técnica de Dinamarca en 1984. Primer Profesor de la Cátedra BBV de la Universidad de Cambridge. Profesor invitado en el Max-Planck-Institut, Stuttgart, 1997. Director del Instituto de Magnetismo Aplicado de la Universidad Complutense. Autor de aproximadamente trescientas publicaciones científicas, y de diecisiete patentes. Tiene un índice H=38. Medalla de Honor de la Real Sociedad Española de Física. Premio de Investigación "Miguel Catalán" de la Comunidad de Madrid. Fellow de la American Physical Society. Premio Du Pont. Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
 
Un gramo de nuestro cuerpo convierte por segundo diez mil veces más energía que un gramo de sol. El mero hecho de vivir requiere a una persona un consumo de energía del orden de trece millones de julios diarios. Pero esta energía es cualitativamente excelente. La energía química almacenada en los enlaces moleculares de los alimentos debe convertirse en energía utilizable para andar, mover las extremidades, subir montañas, hacer matemáticas, pensar, componer poemas o sinfonías, amar, comprender y leer. Este proceso de conversión es fruto de la evolución que ha tenido lugar en cuatro mil millones de años y es extremadamente atractivo desde una perspectiva termodinámica.

La revolución industrial que tuvo una enorme repercusión en el orden económico mundial marca el hito de convergencia de la reciente evolución cultural con la evolución ancestral de la materia. El ser humano ha aprendido en ese momento a hacer máquinas que como las máquinas de nuestras células son capaces de convertir energía química en trabajo. Es entonces cuando la termodinámica y los conceptos de energía y entropía son creados por el ser humano. El cerebro reflexiona sobre los procesos que le han generado a él mismo.