Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Programa 2003
España y la energía: un punto de vista académico
Resumen de la conferencia por:

Luis Gutiérrez Jodra
Doctor en Química industrial. Doctor en Ciencias Químicas. Catedrático de Físico-Química en los Procesos Industriales. Director de Reactores y Combustibles en la Junta de Energía Nuclear. Miembro del Consejo de Seguridad Nuclear. Miembro del Comité Científico Asesor del Organismo Internacional de Energía Atómica. Vicerrector de la Universidad Complutense. Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
 
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resumen

El problema español de la energía tiene raíces profundas y muy lejanas en el tiempo. Se discute mucho ahora la conveniencia o no de determinadas fuentes energéticas y, con frecuencia, los medios de comunicación presentan esta cuestión o temas afines de forma parcial conforme a su línea editorial. Parece conveniente, desde un punto de vista académico, objetivo e imparcial, presentar el problema, que ha tenido en el pasado menos importancia que en la actualidad, cuando España ha adquirido un nivel de bienestar y de consumo energético bastante elevado.

El problema arranca de la Revolución Industrial y coincide con ella, cuando por una combinación de circunstancias, nuestro país no formó parte de los países que transformaron sus talleres artesanos en industrias y comenzaron a abordar la necesidad creciente de energía. No se salió de la condición de país agrícola y esta situación se prolongó hasta mediados del s. XIX. La Ciencia se redujo durante este tiempo a algunos grupos aislados, pero no sirvió de base a un desarrollo que exigiera disponer de energía en mayor cantidad o calidad.

Cuando ya la industria metalúrgica y química europea y el transporte habían utilizado ampliamente la máquina de vapor, España comenzó a instalar sus ferrocarriles y a intentar sustituir con recursos propios el carbón inglés que alimentó nuestras primeras locomotoras. Tuvo en ello también una gran influencia la Marina de guerra y ello propició el aumento de producción del carbón asturiano. No obstante, la primera crisis energética de España se presentó por las dificultades de importar el carbón inglés a principios de la Primera Guerra Mundial.

El petróleo, que fue recibido inicialmente como una solución a las dificultades encontradas con el carbón inglés, produjo la segunda de las crisis por el monopolio de las grandes empresas petrolíferas. La reacción fue la creación de Campsa. La Segunda Guerra Mundial con el bloqueo de los aliados, a pesar de haberse iniciado anteriormente la producción de energía hidroeléctrica, creó la más severa de las crisis, tanto en el transporte como en la electricidad, con frecuentes apagones y dificultades. Las consecuencias de la guerra civil anterior agravaron aún más la situación. No sólo no hubo construcción de nuevas centrales hidráulicas o térmicas, sino que hubo que atender a las necesidades de poner en pie al país.

Cuando parecía que se estaba resolviendo el problema con la explotación de los lignitos y otros carbones nacionales, con la construcción de nuevas presas y con la creación de nuevas refinerías de petróleo, llegó la crisis del petróleo de 1973, que perturbó grandemente a un país que, como el nuestro, empezaba a resurgir como consecuencia del proceso de apertura a Europa, iniciado en 1959.

Para evitar una nueva crisis, se había iniciado en el decenio de 1950, a semejanza de lo que hicieron otros países, la creación de un organismo para conocer, investigar y desarrollar la nueva forma de energía que es la energía nuclear, lo que tuvo como resultado la construcción de centrales para producir electricidad y la utilización de los isótopos radiactivos en Medicina, la investigación y la industria.

De nuevo surgen circunstancias de diversos tipos por las que dejan de construirse más centrales nucleares. Se estima después que el gas natural puede resolver este nuevo problema y se construye un gasoducto que trae el gas de Argelia, pasando por Marruecos, y estaciones gasificadoras donde se reciben los barcos metaneros que lo traen en forma líquida. La más importante de estas circunstancias es la preocupación por el ambiente ocasionada por el auge del ecologismo. Hasta entonces, y todavía ahora, los combustibles fósiles han sido la base de la energía consumida en las sociedades avanzadas, pero las emisiones de gases de efecto invernadero los hace incompatibles con la mitigación del posible cambio climático. Las únicas energías que no emiten estos gases son las energías renovables y la nuclear.

El problema que ahora se plantea en nuestro país y en la mayoría de los países industrializados es cómo conciliar las necesidades de energía con las fuentes autóctonas disponibles, la balanza de pagos, el respeto a la Naturaleza y la opinión pública.

En España las situaciones de crisis energéticas, como se ha visto antes, se han resuelto siempre por impulsos y atendiendo a lo específico del problema, sin tener en cuenta una solución duradera. No se ha considerado que España es un país pobre en recursos energéticos y que la dependencia del exterior es grande y tiende a aumentar. Además, y como consecuencia posiblemente de etapas políticas anteriores, el problema energético se ha politizado, cuando debiera considerarse como una cuestión de Estado, por encima de los partidos.

En la exposición de soluciones se presentarán las razones y argumentos existentes para la utilización de las energías compatibles con el ambiente, sus posibilidades de todo tipo y sus ventajas e inconvenientes. Las ideas maximalistas sólo darán soluciones parciales. Se apuntarán aquellas soluciones que puedan considerarse como parciales o lesivas para nuestro país y que sean contrarias al desarrollo sostenible. Finalmente, se expondrán como resultado las combinaciones de energías más favorables desde un punto de vista global.