Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Program 2013-14
Construyendo una Ética de la Naturaleza y sus recursos
Resumen de la conferencia por:

Francisco García Novo
Madrid, 2 de mayo de 1943. Catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla desde 1976. Ha estudiado la ecología de la vegetación y los efectos ecológicos de la intervención humana en los ecosistemas naturales en Europa, Norte de África, Norte y Suramérica. Ha impartido cursos y conferencias en temas de Ecología, Conservación de la Naturaleza y Explotación de los recursos naturales. Ha sido galardonado con el Premio Rey Jaime I de Medio Ambiente en 1995. Pertenece a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y a la Real Academia Sevillana de Ciencias
 
Los humanos, como las restantes especies, estamos inmersos en la Naturaleza y nuestra larga evolución se ha desarrollado en ella. Necesitamos respirar aire, beber agua y consumir alimentos. Poseemos mecanismos para defendernos del frío o el calor, de especies predadoras o perjudiciales y la capacidad de incorporar a nuestro digestivo o nuestra piel a organismos beneficiosos o de reconocer animales y plantas, o sus órganos, para alimentarnos.

El desarrollo cultural ha mejorado la supervivencia y el bienestar reduciendo riesgos y ampliando la obtención de recursos naturales. Ha desarrollado las relaciones sociales y ha reflexionado sobre el significado del ser humano, su origen, su posible destino. Las sociedades se han organizado y estratificado, seleccionado sus costumbres para adecuarlas a los recursos del entorno y a su explotación, forjando culturas diferentes, soporte de religiones. Las actitudes religiosas son dispares hacia los elementos naturales en la Tierra y el firmamento, que con frecuencia se impersonan como genios o dioses o se interpretan como personas transformadas.

Nuestra cultura occidental ha heredado tradiciones de elementos naturales sagrados o mágicos (fuentes, ríos, montañas, animales, árboles, astros) y un trasmundo poblado de dioses y héroes que gobiernan la naturaleza y condicionan el destino individual y de los pueblos. Otra herencia, vehiculada por el Cristianismo y el Islam, presenta el Dios absoluto de los judíos, que para el bienestar humano crea la Naturaleza, que pierde su sacralidad pasando a un bien destinado al uso común. La explotación de la Naturaleza quedará limitada por la propiedad, la gestión tradicional (agua, cultivos, pastos, bosques, caza) y la tecnología disponible. Las Ciencias Naturales abrirán, en el Renacimiento, el camino a nuevas tecnologías que permitirán la explotación natural masiva y ubicua.

Ética y Moral se han centrado en el ser humano para orientar su comportamiento. Con ayuda de la Filosofía lo han liberado de ataduras sociales reconociéndole libertad y responsabilidad individual, otorgándole autonomía de pensamiento e igualdad, oponiéndose a discriminaciones fundadas en sexo, edad, poder o salud. Pero han orillado a la Naturaleza tratada como bien mostrenco, a explotar.

En el s. XX se demuestra que el planeta es limitado, sus respuestas son inexorables y conocidas y los impactos locales se trasladan a la escala planetaria. Actualmente se acentúa una crisis que denominamos tímidamente Cambio global y afecta al planeta y sus recursos y que de modo creciente, empobrece a los grupos humanos menos desarrollados.

La combinación de tecnología y autonomía personal se ha desarrollado sin una Ética que inserte al sujeto en la Naturaleza y en su regulación. La población occidental, gracias a la educación y a los medios de comunicación, está bien informada. Y siguiendo a Zubiri, lo razonable por parte del hombre seria que rectificara su conducta ateniéndose a lo que puede conocer. La conservación de la Biosfera y su funcionalidad se convierten en una necesidad de supervivencia y deben erigirse como una barrera a la libertad individual del empleo de tecnología y el beneficio de recursos. La conservación de la Biosfera probablemente se elevaría, en expresión de Kant, a un imperativo categórico.

Se plantean alternativas para incorporar los conocimientos ecológicos a la construcción de una Ética de base más amplia que sirva al individuo para asumir sus responsabilidades como gestor de la Naturaleza.