Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Programa 2014-15
De la síntesis del amoníaco a la guerra química. Fritz Haber y la eterna paradoja: la ciencia aplicada al bien y al mal
Resumen de la conferencia por:

Miguel Ángel Alario y Franco
Doctor en Ciencias Químicas. Ha sido colaborador del CSIC. Catedrático y Decano de la Facultad de Químicas de la Universidad Complutense de Madrid y director de los Cursos de Verano de El Escorial. Fundador y primer Presidente del Grupo de Química de Estado Sólido de la Real Sociedad Española de Química. Premio de Investigación "Rey Jaime I" en Ciencia de Materiales 1991. Presidente de la Conferencia Gordon en Química del Estado Sólido (Oxford 2003). Premio México de Ciencia y Tecnología 2009. Premio Miguel Catalán 2010 de la Comunidad de Madrid. Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
 
Fritz Haber, nacido en Breslau (entonces Prusia) en 1868, Premio Nobel de Química en 1918, es uno de los ejemplos paradigmáticos del conflicto permanente entre la utilización de la Ciencia para un fin positivo –la síntesis del amoniaco a partir del nitrógeno atmosférico– y la utilización del cloro con fines bélicos en la Primera Guerra Mundial –que a partir de entonces añade el adjetivo de química. Científico pues contradictorio, en gran medida reflejo de la época que va entre la guerra Franco-Prusiana 1870 y el final de la Segunda Guerra Mundial.

Personalidad compleja que cambió de religión para integrarse en la clase dirigente, lo que tardó en conseguir en lo académico –fue rechazado en dos cátedras por su ascendencia hebrea– pero alcanzó la dirección del Instituto Kaiser-Wilhem gracias a su capacidad de trabajo, a sus indudables conocimientos científicos, a su astucia negociadora y a sus contactos con medios financieros.

Si bien la síntesis del amoniaco se ha considerado uno de los logros más importantes del siglo XX, por lo que significó para la producción de alimentos, su contribución directa a la utilización productos tóxicos en la guerra supone un baldón inolvidable para este científico que, como tantos otros no supo distinguir el fin de los medios.