Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Programa 2016-17
Códigos de barras de ADN para una identificación solvente y socialmente responsable de las especies biológicas
Resumen de la conferencia por:

Ana Crespo de Las Casas
Catedrática de Botánica de la Universidad Complutense de Madrid. Investigador Asociado del Field Museum de Chicago desde 2005. Medalla Acharius 2012. Medalla de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo. Ha trabajado en prestigiosos centros de Europa y América, y entre ellos fue investigador invitado en 1995 y 1996 en el International Mycological Institute (CABI) del Reino Unido. Desarrolla su investigación en biología organísmica, en estudios evolutivos, sistemática y ecología. Ha publicado más de 150 artículos, la mayoría en revistas internacionales. Es también experta en política y evaluación científica. Académica de Número de la Real Academia de Ciencias
 
La diversidad biológica de este planeta tiene que poderse describir y medir con precisión y para múltiples objetivos. La especie es la unidad de agrupamiento que se establece para la mayoría de los análisis que afectan a la diversidad de los organismos vivos. La interpretación de un conjunto de poblaciones como especie biológica se respalda aplicando el método científico. La ciencia moderna define una especie como un conjunto de organismos (muestras de poblaciones) que constituyen un linaje evolutivo natural; se interpreta que forman un linaje filogenético porque comparten un cierto número de caracteres genotípicos en segmentos definidos del ADN. Por lo general también comparten caracteres fenotípicos (morfológicos y otros), biológicos y biogeográficos más o menos evidentes. Es crítico que los caracteres sobre los que reposa la delimitación de una especie sean además de hereditarios, numerosos y medibles con facilidad; los márgenes de variación de los caracteres genotípicos dentro de una misma especie son convenidos y ajustados al grupo de organismos de que se trate.

Cuando se define o se describe una especie se busca que cualquier observador pueda identificar y distinguir esa especie con la mayor certeza. Acertar es interesante al menos por dos razones principales: una es la conservación de la naturaleza y la otra es una razón pragmática y tiene que ver con la calidad de vida de nuestras sociedades y con el uso racional de los bienes y productos de la naturaleza, las normas de consumo y la protección contra el fraude.

Así pues es importante que la especie esté claramente descrita mediante caracteres inequívocos y métodos de delimitación objetivos. Esto es exigible para cualquier clase o tipo de organismos; para los que son o pueden ser útiles o dañinos o simplemente bellos, pero también para los que a duras penas se abordan como sujetos de catalogación. Tanto en los casos de especies que tienen algún appeal por sí mismas como en las demás, es interesante que la identificación pueda ser efectuada por un procedimiento barato y sencillo. Dado el casi inabordable número de especies que se estima puede existir hoy en el planeta (por encima de 14 millones), sería muy práctico que en todos los casos, si una especie está descrita y catalogada, pudiera ser identificada fácilmente por un sujeto suficientemente competente y no necesariamente por un sistemático especializado.

Facilita mucho esta tarea el hecho de que la delimitación de las especies se realice sobre la base de caracteres universales de todos los seres vivos, como son los del ADN. Los DNA-barcodes surgen como un procedimiento práctico de marcaje molecular de las especies. Cada especie descrita tendrá un nombre linneano y una etiqueta reflejando una pequeña secuencia de ADN identificativa. Mediante esta técnica cualquier muestra u organismo, completo o fragmentario, podrá ser asignado a una especie.

Es evidente que el marcaje molecular requiere: (i) la catalogación (nombre y DNA-barcode de tantas especies como sea posible, ya que solo así se podrá disponer de referencia para comparar), (ii) seleccionar adecuadamente el o los marcadores moleculares (segmentos de DNA) que pueden constituir la etiqueta, (iii) disponer de un banco de datos del mayor volumen y de la más alta solvencia.

Se facilitará información actualizada sobre el punto en que se encuentran estos requisitos. Baste decir que inexorablemente el banco progresa a ritmo vertiginoso, en todos los grupos biológicos, lo cual es una prueba su necesidad. Asimismo va resultando más homologable cuanto mejor se estandariza.