Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Programa 2001
Primeros desarrollos de la mente humana
Resumen de la conferencia por:

Emiliano Aguirre Enríquez
Doctor en Ciencias Biológicas. Catedrático de Paleontología en las Universidades de Zaragoza y Madrid. Profesor de Investigación del CSIC. Investigaciones en biostratigrafía. Miembro de la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS). Ha participado en proyectos del Programa Internacional de Correlación Geológica (UNESCO, IUGS). Presidente del Working Group Neogene-Quaternary Boundary y de la Subcomisión Pliocene-Pleistocene de INQUA. Inició líneas de investigación en Paleoecología humana; creó en 1979 un GT internacional sobre Industria ósea poco elaborada con base experimental que continúa en campos de Tafonomía. En 1976 comenzó el proyecto multidisciplinar a largo plazo sobre el karst antiguo de la Sierra de Atapuerca. Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica, 1997. Miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
 
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resumen

Hasta hace pocos años, los antropólogos y bioantropólogos esquivaban la cuestión del origen evolutivo de la inteligencia, o mente humana. Les parecía el tema demasiado especulativo y expuesto a intromisiones o confusiones con discursos de filosofía. En los últimos años ha comenzado a proliferar una bibliografía en busca de respuestas, con base metodológica propia de las ciencias experimentales, a preguntas tales como: ¿hasta qué punto son capaces los chimpancés de operaciones mentales que creíamos exclusivas del ser humano?, ¿de aprender un lenguaje de signos o de palabras? ¿Dónde están las diferencias en la percepción del entorno y en la resolución de problemas; en la capacidad de desarrollo tecnológico; de comunicación, integración y responsabilidad social o sentido ético? A la observación de monos en la naturaleza y en cautividad, en centros especiales y al adiestramiento en el seno de una familia, se añaden hoy las técnicas electromagnéticas para visualizar los circuitos cerebrales que funcionan en estas operaciones, incluidos el lenguaje y la talla de utensilios de piedra, y multitud de estudios neurocientíficos. No debemos olvidar que, desde el punto de vista de la ascendencia y descendencia biológica, nuestros últimos antecesores comunes con los chimpancés vivieron hace unos 6 millones de años, y los progresos en cualquier línea de capacidad mental con base, o efecto, biológicos a lo largo de esos tiempos sólo pueden investigarse de modo real por trazas conservadas en los registros fósiles -si hablamos de tiempos pre-históricos, máxime anteriores al Neolítico.

Si queremos saber cuáles son estos registros, qué se puede investigar en ellos y cómo, vemos ante todo que son de dos órdenes: anatómico y operativo. El primero se encuadra en el campo y método de las ciencias biológicas; el segundo, en modernos desarrollos de la arqueología con base experimental y de la paleoecología humana. Obviamente, unos y otros necesitan de la cronometría geológica, sus aproximaciones y calibraciones, para establecer con la mayor precisión posible la sucesión de los progresos observados o inferidos.

Los registros anatómicos están en los fósiles propiamente dichos. Desde hace décadas se busca indicio del volumen del cerebro midiendo la capacidad de la caja craneana. En estudios comparativos, se tiene en cuenta la relación volumen cerebral/talla o peso calculado del individuo. Se estudian la circulación sanguínea cerebral, las circunvoluciones y surcos encefálicos por el relieve en negativo que dejan las membranas meníngeas externas en el interior de la caja ósea craneana, mediante moldes o réplicas. Las posibilidades anatómicas de lenguaje articulado se investigan en la base de cráneos fósiles y zonas adyacentes, que son más raras en el registro. La secuencia en la muda y desgaste de dientes ha servido, en muestras fósiles numerosas, para inferir la duración de al infancia y adolescencia, esto es, el tiempo de aprendizaje.

En el registro arqueológico, excavado con rigor metódico, se estudian los artefactos en varios aspectos, sus señales de uso, los indicadores de aprovisionamiento nutritivo, en particular de carne, las muestras materiales de expresión figurativa, y las evidencias de prácticas funerarias y rituales. De los artefactos y sus conjuntos se estudian las materias primas, su selección y aplicación diferencial, distancia de su fuente o cantera; las cadenas operativas desde las direcciones e intensidad de explotación del bloque inicial hasta los retoques del filo, manejo o enmangado; los percutores duros o blandos, directos o intermedios; la diversidad, las formas geométricas, la preconfiguración de resultados desde los primeros golpes. Todo ello se viene haciendo mediante talla experimental, y se empiezan a aplicar sensores en los brazos y manos registrando la activación en áreas cerebrales.

Las huellas de uso -perforación, percusión o cortes- de utensilios prehistóricos en huesos de animales y humanos se examinan con microscopio electrónico y contraste experimental, así como las señales del desgaste en los propios filos aplicados al trabajo sobre distintos materiales. Una vez asegurada la asociación de restos óseos de animales y la actividad humana, se identifican las especies, la edad de las reses, se cuentan las partes cárnicas o no y su pauta de fracturación; de ello se infiere si representan piezas traídas para consumo o al contrario, desechadas, y si se aprovechó res ya muerta, moribunda, naturalmente predada o entrampada, o si se la cazó o condujo a trampa. Obviamente, de estas variables cabe deducir o desechar hipótesis sobre nuevos niveles necesarios de comunicación, de función cerebral o psíquica, y lenguaje. Por último, la expresión artística y simbólica, incluso numérica, se estudian en representaciones de pintura y grabado parietal, y en objetos de "arte mueble" o simbólicos. Estructuras más constructivas y complejas son las que han dado lugar al reconocimiento o debate sobre enterramientos, y, en algún caso, prácticas rituales con el oso de las cavernas.